Has destruido la muralla que levanté entre mi corazón y tu orgullo, entre mi amor y el tuyo. He recaído en ti, otra vez. He perdido la cuenta de todas las veces en las que he vuelto a tus manos para intentar que me quisieras, he perdido la cuenta de todas las veces que he vuelto y he abandonado, he perdido la cuenta de todas las veces en las que mi amor le ha echado una carrera al tuyo y ha ganado. He deseado millones de veces que mi amor no ganara esa carrera infernal, que se cansara y se quedara a la mitad, que abandonara como tú lo hiciste nada más empezar; pero mi amor ha sido fuerte y ha luchado hasta el final, hasta casi ganar, hasta casi creerse que era correspondido.
Jamás podré explicarle a mi corazón porqué decidiste irte cuando ya te había dado un trocito de él, jamás podré explicarle a mi amor que nunca volverás aunque casi ganara esa carrera infernal para luchar por tu amor, jamás podré entender como has vuelto a mí con la fuerza de nueve mil huracanes después de tirarte al vacío de mi olvido.
Y joder, mira que decidí no volver a hacerlo, mira que decidí no volver a escribirte, pero siempre tienes el punto final de todos mis escritos, siempre vuelves, aunque no quiera; siempre estás, aunque no te vea; siempre me abrazas, aunque no quieras; siempre, como siempre.