Anoche soñé contigo;
con nosotros.
Soñé que estábamos en lugares
distantes,
que te acercabas
tan sólo para quererme;
soñé que al final te
tenía entre mi cuerpo, entendiendo porqué los huracanes 
llevan nombres de personas
y porqué 
las calmas siempre llegan detrás de las tempestades; 
soñé con todos esos
abrazos
que en algún momento 
quise darte, 
con todo ese amor que queríamos darnos
-y hacernos-
y con todas esas noches
de descontrol,
deseo
y
diversión
que quisiste
darme;
soñé y soñé, 
y lo único que aún 
recuerdo con claridad 
-y como si fuera real-,
son tus manos 
en mi cintura 
y aquel
mordisquito en el cuello 
que aún me hace 
temblar.