Ya dije "te quiero" por última vez a alguien a quien amaba, y también he sentido el sabor amargo de una despedida que no quería que ocurriese jamás.
Ya besé con los ojos cerrados, y volví a cerrar los ojos una vez más para poder recordar todo lo que viví, y también he dado mi corazón hasta que se partió por la mitad, de la mitad, de la mitad...
Ya he pensado tanto en alguien, que he temido que mi mente nunca haya sido mía, y también he imaginado tantos futuros, que al final la vida real eran las migas de los grandes sueños.
Ya he vivido en abrazos eternos que me hacían sentir en casa, y también he vuelto a revivir con mi almohada el sentirme en casa, pero sin tu luz.
Ya he escuchado todas las canciones más tristes del mundo, y también he escuchado al corazón más triste del mundo dentro de mí diciendo que "ya no más, cuídame".
Ya he soltado en vez de agarrarme con fuerza a ese hierro ardiendo, y también me he aferrado a la piel que una vez toqué con ganas de arder.
Ya he sufrido, y también he querido; y también me han hecho sufrir y me han querido -y quieren- como nunca nadie lo ha hecho jamás, y como nunca nadie jamás lo hará.
Y esto es el sentido de la vida. Dar, recibir..., un día tenerlo todo y al día siguiente mirar tus manos vacías y preguntarte que a dónde se fue todo.
Felicidad, melancolía..., quedarse tumbado en el suelo por un tiempo, para luego ser el ave fénix que nadie jamás creería que pudieras ser.
Ave fénix.
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